
Lago de los Cisnes de Matthew Bourne
EL ÉXITO DE LOS CINES MASCULINOS DE BOURNE
El pasado 9 de noviembre fue el 30 aniversario de esta magnífica versión del Lago de los Cines de Matthew Bourne. Con esta producción Bourne se permitió lo que pocos coreógrafos habían osado: reformular un clásico sagrado y convertirlo en una obra psicológica, contemporánea y cargada de lectura política actual. Su Swan Lake toma la partitura de Chaikovsky como ancla claramente emocional, pero la lleva a un territorio donde la identidad, el deseo y la fragilidad masculina se exploran con una audacia coreográfica sin concesiones.
El Teatro Real ha querido participar en ese homenaje llevando la semana pasada la producción a su escenario.
Contexto Histórico y Cultural
La producción de Matthew Bourne fue estrenada por la compañía New Adventures en 9 de noviembre de 1995, en el Teatro Sadler’s Well de Londres, el montaje llegó en un momento en que el ballet buscaba nuevas narrativas. La cultura británica de los años 90 — En pleno auge mediático, entre la sátira política y una sociedad que cuestiona de arriba abajo sus estructuras de poder, con la Casa Real británica como escenario central en todo ese debate — ofrecía el caldo perfecto para una lectura menos romántica dando paso a un relato más funcional.
Adam Cooper en aquel entonces era primer bailarín en el Royal Ballet cuando decidió tomarse un descanso para convertirse en el primer cisne de Bourne.
El estilo de Bourne ya se caracterizaba por tomar obras y partituras del canon clásico, que las recontextualizaba desde sensibilidades contemporáneas, revelando nuevas lecturas sociales, estéticas y emocionales. Así, en 1992 estrenó ¡Cascanueces! trasladando la historia a un orfanato de evocación dickensiana; y en Highland Fling (1994) redefinió La sílfide sustituyendo las ensoñadas tierras altas escocesas por el entorno totalmente urbano de rascacielos en Glasgow.
En Swan Lake, Bourne supo situar a su Príncipe en un contexto que dialogaba con la monarquía británica de los años noventa, un periodo especialmente convulso marcado por escándalos mediáticos y el acoso incesante de los paparazzi.
Los cisnes masculinos, lejos de la parodia que algunos temían, resultaron intensos, eróticos y físicamente fuerte e imponentes. Bourne y Cooper desarrollaron un vocabulario híbrido —ballet, danza contemporánea y observación de la naturaleza— que convirtió la escena del lago y el ballet de los pequeños cisnes en un icono de la danza contemporánea.
Posteriormente, en el año 2000 el director Stephen Daldry en su película Billy Elliot homenajeo al coreógrafo al introducir en su escena final al protagonista interpretando el cisne esta versión.
Argumento: El ballet se articula en cuatro actos y, partiendo del libreto clásico, Bourne desmontó la historia y la transformó por completo.
- Acto I Escenas:
La habitación del Príncipe: espacio íntimo pero impersonal; el Príncipe aparece solo, asfixiado por el protocolo.
El palacio: la maquinaria institucional se despliega; cortesanos y fotógrafos lo convierten en pieza de exhibición.
Un teatro de ópera: desfile público donde el Príncipe es observado más que atendido; la Reina marca su distancia.
Los aposentos privados del Príncipe: intenta buscar alivio emocional, pero la soledad se intensifica.
La calle: un breve escape; el Príncipe se mezcla con el mundo exterior, incómodo y desubicado.
Un club de dudosa reputación: ambiente decadente donde el Príncipe busca evasión; escenas marcadas por sátira y exceso.
La calle: vuelve abatido, cargado de vacío y frustración, presagiando su huida definitiva al lago.
- Acto II Escena:
El parque de la ciudad: el Príncipe huye del palacio y encuentra un espacio nocturno cargado de simbolismo, en el que descubre el lago y al Cisne con el que establecen un vínculo emocional decisivo.
- Acto III Escenas:
Las puertas del palacio: llegada de invitados, protocolo exagerado, ambiente festivo y superficial.
El baile real: irrupción del Cisne Negro, seducción, confusión y humillación pública del Príncipe.
- Acto IV Escena
La habitación del Príncipe: vuelve al espacio del inicio, ahora cargado de desesperación, los cisnes lo rodean en un delirante estado emocional y en su último encuentro con el Cisne Negro se mezcla el consuelo y la despedida.
Coreografía y dirección: Matthew Bourne
Sin duda una de las figuras más influyentes de la danza británica contemporánea: director y coreógrafo prolífico, ganador de nueve premios Olivier y único británico con un Tony tanto a la mejor dirección como a la mejor coreografía, De formación tardía desarrolló una carrera como intérprete antes de fundar Adventures in Motion Pictures y, más tarde, New Adventures, compañía con la que consolidó su sello. Además de importantes ballets ha coreografiado grandes musicales de West End y Broadway: Mary Poppins, My Fair Lady…y ha recibido múltiples reconocimientos institucionales, incluido el título de caballero por sus servicios a la danza.
La marca de Bourne se nota desde el primer compás: narrativa teatral, una fuerza escénica instintiva y una construcción de personajes a través del gesto más que del virtuosismo clásico. Bourne construye una lectura casi cinematográfica:
- Los cisnes masculinos son el corazón del lenguaje coreográfico. Movimientos expansivos, espaldas tensas, brazos que son más alas que port de bras, saltos fuertes y vivaces, formaciones en bandada. Una nueva forma de bailar el ballet de los pequeños cisnes.
- El Príncipe se mueve con fragilidad y torpeza inicial, un contraste que se subraya con su evolución posterior.
- La escena del teatro de Opera, el club nocturno y la fiesta en palacio son sátiras coreografiadas, donde Bourne utiliza humor y estética kitsch para criticar la superficialidad de la élite.
La Corte, lejos de ser un espacio solemne, funciona como un escenario de apariencias. Entre paparazzi, protocolos absurdos y una Reina impenetrable, el Príncipe apenas encuentra aire para ser él mismo.
- Cambios en escena ágiles.
- Ritmo narrativo que alterna intimidad y espectáculo.
- Subtexto constante: represión, poder, mirada pública y deseo.
Música: La partitura de Chaikovski se mantiene íntegra, pero Bourne la hace dialogar con su dramaturgia a través de un uso muy teatral de los contrastes. Los momentos más melódicos se reinterpretan en clave psicológica, y los pasajes más grandilocuentes sirven para elevar tensiones internas y no para exhibición técnica de la danza.
La orquestación no busca suavidad romántica sino que se potencia la fuerza dramática, creando un contrapunto entre la música conocida y la narrativa reinventada.
Escenografía y Vestuario: Lez Brotherston
Asistente artístico de New Adventures le caracteriza una larga trayectoria junto a Bourne. Recibió el nombramiento de Oficial de la Orden del Imperio Británico en las Condecoraciones de Año Nuevo de 2022, en reconocimiento a su destacada contribución a la danza y al teatro.
El vestuario, diseñado por Lez Brotherston, define la estética del montaje:
- Cisnes masculinos: torsos desnudos, plumas estilizadas, una mezcla de sensualidad y amenaza.
- La Reina y la Corte lucen vestuario elegante pero exagerado, subrayando la crítica social.
- Los personajes del club nocturno encarnan la decadencia contemporánea con humor corrosivo.
Diseño de Iluminación: Paula Constable
Asistente artística de New Adventures también ha participado en numerosas producciones junto a Bourne. Paule ha sido nombrada Royal Designer for Industry.
La iluminación crea los dos mundos clave:
- El palacio: tonos fríos, rigidez, atmósfera controlada.
- El lago: sombras profundas y contrastes fuertes.
La luz también es narrativa: marca tensiones, estados mentales y transiciones oníricas.
Diseño de Sonido: Ken Hapton
Incorporado a New Adventures en 2000 como técnico de sonido de producción
Conclusión
El Lago de los Cisnes de Matthew Bourne reescribe el clásico sin solemnidad, pero respetando su fuerza original. Su audacia visual, su mirada contemporánea sobre el deseo y su imaginación escénica siguen marcando la forma en que vemos los grandes ballets revisados hoy. En esta versión, los cisnes no representan fragilidad, sino aquello que el protagonista desea: libertad, identidad, fuerza y un lugar donde poder ser él mismo. Desde Ready to Dance animamos al público a descubrir esta versión de El lago de los cisnes, que demuestra cuánto puede aportar la danza cuando se atreve a releer un cuento clásico con una mirada nueva.

