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La inteligencia artificial ya ha llegado a las artes escénicas. Un nuevo anteproyecto quiere poner límites al uso de la imagen, la interpretación y el trabajo de los artistas. ¿Qué significa esto para bailarines y coreógrafos?
La inteligencia artificial forma ya parte de nuestra vida cotidiana y poco a poco está entrando también en los procesos creativos. La danza no queda al margen.
Hoy la tecnología permite trabajar sobre imágenes, voces y movimientos hasta generar contenidos nuevos. Y esto plantea una pregunta que hace apenas unos años parecía ciencia ficción: ¿podría utilizarse la actuación de un bailarín para crear otra interpretación sin que ese bailarín vuelva a participar?
El Proyecto de Anteproyecto de Ley Orgánica sobre el uso de la inteligencia artificial generativa en la relación laboral de los artistas, fechado el 17 de septiembre de 2026, intenta establecer algunos límites.
Y lo interesante para nuestro sector es que la danza aparece expresamente en el texto: se habla de bailarines y bailarinas, pero también de la interpretación, ejecución y composición de obras coreográficas.
Una actuación no es un cheque en blanco
Imaginemos una situación sencilla.
Un bailarín participa en un espectáculo. Su actuación se graba y esas imágenes se utilizan para la explotación o promoción de la obra.
Pero ¿qué sucede si posteriormente se utiliza inteligencia artificial para crear, a partir de ese material, una nueva versión digital del bailarín o una interpretación que nunca realizó?
El anteproyecto establece una primera frontera: el uso de la inteligencia artificial debe permanecer vinculado al contrato y a la obra para la que el artista fue contratado, incluida su explotación y promoción.
En otras palabras, participar en una producción no debería significar que nuestra imagen o nuestra interpretación puedan utilizarse después mediante inteligencia artificial para cualquier finalidad.
¿Y si crean una réplica digital del bailarín?
Aquí aparece una de las cuestiones más interesantes del anteproyecto.
El texto habla de «réplicas digitales» y de «nuevos contenidos reconocibles». Es decir, la tecnología puede llegar a generar nuevos contenidos a partir del trabajo de un artista en los que su imagen o su interpretación continúen siendo reconocibles.
Para estos casos se establecen límites adicionales. Entre ellos, uno especialmente importante: la utilización de la IA no puede sustituir significativamente o eliminar la participación del artista en la obra.
Una cosa es utilizar inteligencia artificial como una herramienta más dentro de una producción y otra muy diferente es utilizar el trabajo de un bailarín para generar digitalmente una nueva actuación sin que él haya vuelto a bailar.
¿Y si quieren utilizar tu imagen para algo más?
Cuando el uso que se quiera realizar mediante inteligencia artificial vaya más allá de los supuestos permitidos, será necesario un acuerdo expreso y por escrito.
Y hay algo más: el artista tendrá derecho a recibir una compensación económica expresa y diferenciada por ese uso. Además, esa autorización adicional no podrá darse por supuesta simplemente porque el artista haya firmado un contrato de trabajo.
Una nueva forma de hablar de danza sostenible
En Ready to Dance entendemos la danza sostenible como una forma de proteger la carrera del bailarín a largo plazo. Y la inteligencia artificial añade ahora una nueva dimensión: proteger también su identidad y su trabajo en el entorno digital.
La IA puede ser una magnífica herramienta para la creación. El reto está en establecer cómo se utiliza, para qué y con qué límites.
Porque cuidar el futuro del bailarín también significa proteger la huella digital que deja cuando baila.
El documento analizado es un proyecto de anteproyecto de ley orgánica fechado el 17 de septiembre de 2026 y, por tanto, su contenido puede experimentar modificaciones durante su tramitación.



