El Cascanueces

El Cascanueces: un clásico navideño del Ballet de Kiev en Madrid

Estas Navidades no podía faltar en Madrid un clásico imprescindible: El Cascanueces. En esta ocasión, el universo literario de E. T. A. Hoffmann se funde con la inconfundible música de Chaikovski para cobrar vida de la mano del Ballet de Kiev, en una propuesta que es, ante todo, un viaje estructural, cultural y profundamente clásico. Presentada en el Teatro Lope de Vega, esta producción afina cada capa de la obra desde un respeto riguroso por la tradición académica, sin perder de vista una lúcida conciencia del tiempo en el que se representa.

Contexto social:

Fundada en 2017 por Viktor Ishchuk, la compañía del Ballet de Kiev nace con una vocación inequívoca: reunir a las principales figuras de la danza ucraniana y salvaguardar la esencia del ballet clásico. Una misión que la compañía ha sostenido con firmeza incluso cuando el contexto histórico de su país se ha visto atravesado por la hostilidad de la contienda bélica. En este marco, El Cascanueces deja de ser solo un ritual navideño para convertirse en un acto de afirmación cultural por el pueblo ucraniano. El Ballet de Kiev tiene su sede en el Centro Internacional de Cultura y Artes de Kiev, Ucrania.

Contexto histórico y cultural

El cuento original de E. T. A. Hoffmann, publicado en 1816 bajo el título El cascanueces y el rey de los ratones, plantea con claridad el tránsito de la infancia a la madurez y la permanente tensión entre realidad y fantasía.

El ballet compuesto por Piotr Ilich Chaikovski parte de una versión suavizada de ese relato y se estrenó en 1892. Fue, además, el último ballet creado por el compositor, con coreografía original de Marius Petipa y Lev Ivanov. Su acogida inicial, más bien discreta, contrasta con la consolidación excepcional en el repertorio que lo ha convertido en uno de los títulos más representados del ballet clásico.

La versión del Ballet de Kiev se inscribe de forma decididamente continuista, sin revisiones ni reconstrucciones, apostando por la fidelidad al canon académico.

Argumento:

Acto I – La víspera de Navidad

Escena I: La fiesta en casa de los Stahlbaum.

La obra se abre con la celebración navideña en el hogar familiar. Niños y adultos se reúnen en torno al árbol, entre juegos, regalos y bailes. La llegada de Drosselmeyer, padrino de Clara y personaje excéntrico, introduce un tono misterioso. Entre los juguetes que trae destaca un Cascanueces de madera que cautiva a Clara, aunque un accidente provoca que quede dañado. Drosselmeyer lo arregla y la niña se encarga de cuidarlo con especial afecto.

Escena II: El sueño de Clara.

Cuando la casa queda en silencio, Clara se duerme abrazando al Cascanueces. Al despertar, el espacio se transforma: el árbol crece de forma descomunal y los juguetes cobran vida. Un ejército de ratones irrumpe bajo el mando del Rey Ratón y se inicia una batalla contra los soldados de juguete. En el momento decisivo, Clara interviene para ayudar al Cascanueces, que vence al enemigo y se transforma en un príncipe.

Escena III: El viaje.

El Príncipe invita a Clara a abandonar el mundo cotidiano y la conduce a través de un bosque nevado. Los copos de nieve danzantes crean un paisaje onírico que marca el tránsito definitivo hacia el mundo de la fantasía.

Acto II – El Reino de los Dulces

Escena I: Llegada al Reino de los Dulces.

Clara y el Príncipe son recibidos por el Hada de Azúcar y su caballero. El Príncipe relata cómo Clara le salvó la vida en la batalla, y en su honor se decide organizar una gran celebración.

Escena II: Las danzas de carácter.

Se suceden distintas danzas inspiradas en sabores y culturas diversas, cada una con un carácter propio. El conjunto funciona como un despliegue de virtuosismo técnico y colorido escénico, mostrando la riqueza del Reino de los Dulces.

Escena III: El Vals de las Flores.

Las flores cobran vida en una danza amplia y majestuosa que celebra la armonía, la belleza y el espíritu festivo del reino.

Escena IV: El Gran Pas de Deux.

El Hada de Azúcar y su caballero protagonizan el momento culminante del ballet, una pieza de gran exigencia técnica y musical que concentra la esencia clásica de la obra.

Escena V: Despedida y despertar.

La celebración llega a su fin y Clara se despide del Príncipe y de los habitantes del Reino de los Dulces. Al despertar, se encuentra de nuevo en su casa, junto al árbol de Navidad, dejando abierta la duda entre el sueño y la realidad.

Coreografía:

La coreografía original de Marius Petipa, creada junto a Lev Ivanov, sentó las bases de El Cascanueces como un ballet de estructura clásica ejemplar. Petipa concibió la obra como un equilibrio preciso entre narración y abstracción: un primer acto de fuerte contenido dramático y un segundo organizado como una gran suite de danzas que completan el relato.

Su escritura coreográfica se caracteriza por la claridad formal, el rigor académico y una estrecha correspondencia con la música, otorgando al cuerpo de baile un papel central. Esta versión del Ballet de Kiev mantiene esa arquitectura clásica, fiel al canon y al espíritu original de la obra.

  • Acto I: narrativo, teatral, con especial cuidado en las escenas secundarias y corales, destaca el trabajo actoral de los niños y adultos durante la fiesta de Navidad.

En términos coreográficos la escena que más destaca con claridad es la escena del bosque nevado y el Vals de los Copos de Nieve, que cierra el acto. En ella se visualiza un  excelente trabajo de cuerpo de baile por sus exigencias de  homogeneidad absoluta, precisión musical y una limpieza de líneas implacable. Su arquitectura coreográfica construye un espacio en constante transformación, con desplazamientos circulares y diagonales que crean la sensación de ligereza y suspensión

Además   la escena funciona como puente perfecto entre el mundo doméstico del primer acto y el universo fantástico que se desplegará en el segundo, cambiando el estado emocional del espectador. Música y danza en equilibrio.

  • Acto II: el Reino de los Dulces despliega el virtuosismo académico.

Danzas de carácter en el Reino de los Dulces

Danza Española (Chocolate)

De ritmo marcado y acentos claros, traduce el carácter intenso y terrenal del chocolate.

Danza Árabe (Café)

Lenta, ondulante y de fuerte carga sensual. Sus movimientos continuos, torsiones y equilibrios prolongados evocan el aroma denso y envolvente del café.

Danza China (Té)

Breve, ligera y precisa. La coreografía se construye a partir de pequeños saltos y gestos definidos, transmitiendo frescura, agilidad y un carácter casi juguetón.

  • Danza Rusa (Trepak / Gopak)

Tradicionalmente asociada al mazapán, en esta versión destaca especialmente al presentarse como un homenaje a Ucrania mediante el estilo Gopak. Saltos, giros y trabajo de piernas de gran exigencia técnica convierten esta danza en un estallido de energía y afirmación identitaria.

  • Danza de los Mirlitones (Flautas de caña)

Elegante y delicada, con un fraseo limpio y musical. Su coreografía apuesta por la simetría y la ligereza.

  • Danza de los Payasos (Polichinelas)

De carácter lúdico y teatral. El movimiento es rápido, juguetón y exagerado, aportando humor y dinamismo.

En conjunto, estas danzas construyen un mosaico coreográfico donde el mundo exterior se transforma en fantasía comestible.

Dentro del segundo acto, el Vals de las Flores es una de las páginas coreográficas más emblemáticas de El Cascanueces. En la tradición de Marius Petipa, esta pieza funciona como una gran construcción coral donde el cuerpo de baile adquiere un protagonismo absoluto. La coreografía se apoya en amplios desplazamientos, formaciones simétricas y un fraseo continuo que traduce la riqueza orquestal de la partitura en movimiento.

El Gran Pas de Deux del Hada de Azúcar y su caballero constituye el punto de máxima concentración técnica y expresiva del ballet. Concebido según el canon clásico, combina un adagio de gran control y lirismo, variaciones que exigen precisión y virtuosismo, y una coda brillante que cierra el acto. Aquí la coreografía  se compone de equilibrios sostenidos, trabajo limpio de puntas y una relación de pareja basada en la confianza y el apoyo mutuo.

Música

En El Cascanueces, la música de Piotr Ilich Chaikovski no solo acompaña la coreografía: la anticipa, la sugiere y, en muchos momentos, parece dictarla. La partitura está escrita con una claridad estructural tan precisa que el movimiento surge casi de forma inevitable, como si la danza estuviera ya contenida en la música antes de existir en escena.

Chaikovski compone pensando en el cuerpo que se mueve. En el primer acto, los cambios de dinámica y acento organizan la acción dramática y guían la transición del gesto teatral al movimiento danzado.

En el segundo acto, esta relación se vuelve aún más evidente. Las danzas de carácter parecen coreografiadas desde la orquesta: el ritmo define el tipo de paso, la instrumentación sugiere calidad de movimiento y la duración de cada frase determina la forma del espacio.

En el Gran Pas de Deux, Chaikovski va aún más lejos. El adagio impone un tiempo suspendido que reclama control absoluto, equilibrios sostenidos y una relación íntima entre los intérpretes.

Por eso El Cascanueces funciona con tanta naturalidad dentro del lenguaje clásico: Chaikovski no escribe “música para ballet”, escribe ballet en forma de música.

Bailarines solistas

  • Evgen Lagunov

Formado en la academia estatal de Kiev, ha sido primer solista en compañías de referencia como la Ópera de Donetsk, la Ópera Nacional de Kiev y el Ballet Nacional Húngaro. Su carrera está avalada por numerosos premios internacionales y una técnica depurada, especialmente reconocible en los grandes roles clásicos masculinos.

  • Elena Germanovich

Graduada en la Escuela Coreográfica Estatal de Bielorrusia, ha sido prima ballerina del Teatro Musical Académico Estatal de Bielorrusia. Posee un repertorio amplio que abarca los grandes papeles clásicos —Odette/Odile, Giselle, Aurora o Marie— combinando elegancia, musicalidad y una notable versatilidad interpretativa.

Ambos solistas representan el perfil artístico de la compañía: rigor técnico, estilo clásico y experiencia escénica al más alto nivel.

Escenografía, vestuario e iluminación

Diseñados por los talleres del Ballet de Kiev, decorados y vestuario apuestan por una estética clásica, reconocible y eficaz. No hay voluntad de sorprender, sino de sostener el relato.

La iluminación, firmada por D. González, acompaña con sensibilidad los cambios de atmósfera: del calor doméstico del primer acto al lirismo nocturno del bosque nevado y el brillo controlado del Reino de los Dulces .

Conclusión

Este Cascanueces no busca reinventar la Navidad, nos la transmite tal y como es , a través de una versión sólida, coherente y profundamente respetuosa con la tradición académica que nos presente el Ballet de Kiev.

Ideal para el público familiar, imprescindible para quien quiera recordar por qué el ballet clásico no necesita justificaciones.

Desde Ready to Dance os deseamos un feliz 2026 y que el mundo de la danza nos siga permitiendo soñar, con la misma pureza y asombro que una niña la noche de Navidad al recibir su primer Cascanueces.

Ballet Kiev
El rey de los ratones